Que mas se puede pedir para una fria y lluviosa tarde de domingo que encontrar una joya como esta, quedarte a oscuras y prepararte a ver una escalofriante pieza de terror clasico.

Un entorno gotico, de ambiente puritano. Dos inocentes mujeres, dos inquietantes niños, dos muertes violentes en extrañas circunstancias. Susurros fantasmagoricos, irritantes risas infantiles, completos silencios. Fantasmas inmoviles, vaporosos. Distantes, pero cercanos e influyentes al mismo tiempo.

Y la verdad es que ha sido un gozo verla, una sensacion comparable a la que tuve al ver Rebeca o al leer La Dama de Blanco. Esa sensacion de escalofrio que producen los viejos relatos de fantasmas.

Pero no es solo este una vieja pelicula de fantasmas al uso, pues en esta historia solo la joven institutriz, al cargo de los dos huerfanos, es capaz de sentir a estos fantasmas, creando asi el narrador una alternativa argumental, la de la locura o alucinacion.

Aun mas, en el relato se entre sugieren pequeñas dosis de erotismos tabues, entre vivos y muertos, entre niños y adultos. Todo el conjunto te mete en una atmosfera de terror psicologico en la que ya no necesitas de imagenes impactantes o sustos puntuales.